EL EXTERMINIO SISTEMÁTICO DE JUDÍOS (II y final.)

Cuando la Historia sirve de papel higiénico.

A LA CURIA CATÓLICA EL PROBLEMA DEL JUDAÍSMO, ERA QUE LOS HEBREOS DIGNIFICABAN A LA ESPECIE HUMANA Y NO PERMITÍAN EL DOMINIO DE LA FE A TRAVÉS DE LA SUMISIÓN.

PARA MANEJAR A LA PLEBE HABÍA QUE CONVERTIRLA EN UNA ANALFABETA CRÓNICA Y EMPOBRECERLA HASTA PONERLA DE RODILLAS COMO SI FUERA UN DESIGNIO DE DIOS.

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QUE LOS MORALISTAS DE LAS NACIONES UNIDAS, ANTES DE ACUSAR A ISRAEL, QUE SE LAVEN LA MEMORIA.

SIEMPRE LO MISMO.

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AL ANTISEMITA LES MOLESTA QUE LE DEMOS LECCIONES DE VIDA. PORQUE TIENE SUS MISERIAS A FLOR DE PIEL.

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La pregunta acerca de CUÁN PROFUNDO DEBE DE SER UN ODIO que lleve a semejantes
atrocidades, tendrá respuesta parcial en la próxima clase, cuando nos refiramos a la
mitología judeofóbica que las sostuvo.

MÁXIMO KAHN, un intelectual judío que escapó de Alemania y se
radicó en la Argentina, escribió en 1944: “La muerte de los judíos es, quizá, la
más enigmática de todas las muertes; ciertamente es la más acusadora. Durante dos mil
quinientos años se ha venido matando a los judíos en vez de permitir que mueran…

Se empezó a matar judíos con tanto éxtasis que la muerte natural ya no les causó
terror… los judíos se agarraron a la muerte natural como si fuera vida, como si fuera
luz del sol, canto de pájaros, fragancia de flores o amor. Nada les pareció tan
apetecible como poder morir sin huellas de homicidio en el cuerpo. Su vida se convirtió
en esperar la muerte. Es de extrañar que la palabra
judío no se haya vuelto
sinónimo de
moribundo… el judaísmo es una salud incurable”.

EL ODIO ILIMITADO que se descargó contra los judíos estaba sostenido por un cuerpo
mitológico que vamos a revisar en la próxima lección.

El sufrimiento que venimos estudiando fue relatado en un libro de 1558 de Josef
Ha-kohen, bajo el bíblico título de
EL VALLE DE LÁGRIMAS.
Refiere “las penas que cayeron sobre nosotros desde el día del exilio de Judea de su
tierra”. Tres preguntas pueden formularse acerca de esas lágrimas.

LA PRIMERA: por qué los judíos siempre sufren. RESPUESTA: si al decir por qué
aludimos a las causas de la judeofobia, bueno, precisamente ése es el tema de nuestro
curso, y para el final habrá explicaciones.

Pero si el por qué sugiere que debe de haber cierta paranoia si encontramos a
los judíos siempre como víctimas, nuestra respuesta es que la judeofobia es en efecto
una enfermedad social enorme que consiste en el odio hacia los judíos, y por ende,
siempre los tuvo como víctimas principales. Persistió por milenios exterminando judíos,
alcanzó un genocidio de seis millones hace cincuenta años (un tercio de la población
judía mundial) y sigue con vitalidad para continuar.

LA SEGUNDA pregunta es si la gigantesca magnitud de la judeofobia acaso significa que todo
el mundo
odia (u odió) a los judíos. La respuesta es no, no todo el mundo está
enfermo de judeofobia, pero no es la parte sana el objeto de nuestro estudio, aun cuando
es mayoritaria.

LA TERCERA pregunta es si el clero de la Iglesia medieval era unánime en su letal
postura judeofóbica. Otra vez, la respuesta es no. Incluso en períodos en los que la
postura teológica de la Iglesia era judeofóbica, en el plano individual hubo
eclesiásticos que rechazaron la violencia contra los judíos. Desde antaño hay ejemplos
de obispos y sacerdotes que intentaron proteger a los judíos.

CUANDO LA SINAGOGA DE LA CIUDADA ITALIANA RAVENNA FUE INCENDIADA (550), TEODORICO, EL GRANDE, ordenó que la población católica la reconstruyera y flagelara a los incendiarios.

Durante la primera cruzada el OBISPO COMAS salvó a los judíos de Praga. En la segunda, BERNARDO DECLAIRVAUX defendió activamente a los judíos que eran asesinados.

—– LAMENTABLEMENTE UNA GOLONDRINA NO HACE UN VERANO….

El problema, sin embargo, es que los judeófobos más virulentos de la Iglesia fueron
(y siguen siendo) reverenciados como santos. El crimen de la judeofobia se cometía con
virtual impunidad. El fray JUAN CAPRISTANO (m. 1456) instó a la abolición de los
derechos a los judíos en Nápoles y otras ciudades, incluyendo la cancelación de las
deudas que cristianos hubieran contraído para con ellos. Más tarde, debido a sus
actividades en Breslau, muchos judíos fueron torturados y quemados vivos; muchos fueron
empujados al suicidio.

La abolición de los derechos de los JUDÍOS EN POLONIA por Casimiro IV también fue
resultado de las maniobras de Capistrano, e inició una ola de desmanes antijudíos. Ni
siquiera les permitió a los judíos escapar ese destino: fue el responsable de un edicto
papal que prohibía el transporte de judíos a la Tierra de Israel.

Durante su vida, recibió tanto el mote de “AZOTE DE LOS JUDÍOS” como el cargo de Inquisidor
papal. Más de dos siglos después de su muerte fue canonizado y, desde entonces, cada 28
de marzo los católicos reverencian su memoria.

EL MENSAJE DE LA IGLESIA ERA, CUANDO MENOS, INCOHERENTE. Difundía la enseñanza del
desprecio, pero ocasionalmente intentaba detener a los despreciadores que se apresuraban
en cometer horrendos crímenes; el intento era tardío e insuficiente. Esta postura nunca
varió radicalmente. Por ello uno de los primeros historiadores del Holocausto, RAUL
HILBERG, fue capaz de trazar una tabla que muestra cómo cada una de las principales Leyes
de Núremberg de la ALEMANIA NAZI TENÍA SU PRECEDENTE EN LA LEGISLACIÓN ECLESIÁSTICA.

La declaración de la Conferencia de Obispos Holandeses de 1995 fue un punto de
inflexión en la historia de la Iglesia, al admitir que hay un SENDERO DIRECTO QUE UNE LA
TEOLOGÍA DEL NUEVO TESTAMENTO CON AUSCHWITZ.

También durante la Segunda Guerra la posición del VATICANO reflejó esta habitual
ambivalencia, cuando sus reservas acerca del nazismo se limitaron a proteger a católicos
“no-arios”. Es cierto que las encíclicas de la Iglesia y sus pronunciamientos
rechazaban el dogma racista y cuestionaban algunas tesis nazis como erróneas, pero
siempre omitieron criticar, o siquiera mencionar, el ataque específico contra los
judíos.

En 1938, PÍO XI supuestamente condenó a los cristianos judeofóbicos, pero esta
condena fue omitida por todos los diarios de Italia que informaron sobre el mensaje papal.
Su sucesor, el germanófilo PÍO XII, ya desde 1942 había recibido información sobre el
asesinato de judíos en los campos. A pesar de ello restringió todos sus pronunciamientos
públicos a expresiones muy cuidadosamente formuladas de simpatía por “todas las
víctimas de la injusticia”.

La neutralidad y el silencio del papa continuaron incluso cuando los alemanes cercaron a
ocho mil judíos de Roma en 1943. Mil de ellos, mayormente mujeres y niños, fueron
transportados a Auschwitz. Al mismo tiempo, con la anuencia papal, más de cuatro mil
judíos encontraron refugio en muchos monasterios de Roma (algunas decenas en el Vaticano
mismo).

Sin duda, el PAPA no tenía poder como para detener el Holocausto, pero podría haber
salvado miles de vidas si hubiera adoptado públicamente una posición contra el nazismo.
HITLER, GOEBBELS Y MUCHOS otros cabecillas nazis, murieron como miembros de la Iglesia Católica, y nunca fueron excomulgados (lo que contrasta con el hecho, por ejemplo, de que el presidente argentino JUAN D. PERÓN fue excomulgado cuando en 1955 atacó la influencia de la Iglesia, y unos pocos meses después fue derrocado).

UN SACERDOTE CATÓLICO lideró el régimen nazi de Eslovaquia, y también fueron
católicos un cuarto de los miembros de las SS, así como casi la mitad de la población
del Gran Reich Alemán.

La resuelta reacción del EPISCOPADO ALEMÁN contra el programa nazi de eutanasia,
logró que virtualmente se suspendiera el plan. Pero los judíos no avivaron en la Iglesia
la compasión que despertaron los insanos y los retardados. Respecto de los judíos, la
Iglesia estuvo interesada más en salvar sus almas que sus cuerpos. Las cancillerías
diocesanas incluso proveyeron al régimen nazi de los registros de las iglesias, con datos
personales acerca del marco religioso del que provenían sus feligreses.

Cuando las deportaciones de los judíos alemanes comenzaron en octubre de 1941, el
episcopado limitó su intervención a suplicar por los que se habían CONVERTIDO AL
CRISTIANISMO.

Los obispos recibieron informes sobre la MATANZA DE JUDÍOS EN LOS CAMPOS de
muerte, pero su reacción pública se limitó a vagos pronunciamientos vagos que eludían
el mero término
judíos. Hubo, claro, excepciones, tanto nacionales como individuales. Una de éstas fue el prelado berlinés BERNHARD LICHTENBERG, quien rezó públicamente por los judíos (y falleció en su camino a Dachau).

Una nación excepcional fue HOLANDA, en donde ya en 1934 la Iglesia prohibió la participación de católicos en el movimiento nazi. Ocho años después los obispos protestaron públicamente ante las primeras deportaciones de judíos holandeses, y en mayo de 1943 prohibieron la colaboración de policías católicos en las cazas de judíos, aun a costa de que así debieran perder sus puestos. Muchos judíos salvaron sus vidas gracias a las audaces acciones de rescate de clérigos menores, monjes, y laicos católicos.

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