Andá cantarle a Gardel

Cuando falleció la poetisa,  escritora, cantautora, dramaturga y compositora, María Elena Walsh (n. 1930), declarada menemista y otrora integrante de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC), por un acto reflejo se me dio de pensar un poco más allá de lo que ha sido el aporte cultural de la fallecida y su entorno.

SADAIC fue  fundado en el año 1918 por el compositor de tangos, violinista y director de orquesta uruguayo, Francisco  Canaro  (Francisco Canarozzo n.  1888), con otros músicos, entre ellos, el pianista, violinista y compositor Agustín Bardi (n. 1884.)

Desde época temprana los músicos tuvieron  sus  desvelos a la hora de  tener que recibir los  emolumentos correspondientes a los derechos de autor.

El bandoneonista, director y compositor de tango Eduardo Arolas (n. 1892) se trasplantó a París   porque  su mujer lo engañó con su hermano mayor.  Sin embargo, hubo una razón de peso para emigrar: en el país le escamoteaban los pagos que le correspondían por el uso que otros hacían de sus  creaciones musicales.

SADAIC nunca fue un jardín de rosas. La mayoría de las veces que se realizaron elecciones para la renovación de autoridades   se suscitaron controversias. Por ejemplo: cuando por quinta vez  triunfó el santafesino Ariel Ramírez (n. 1921), y en cuya lista figuraban, entre otros, Eduardo Falú, Atilio Stampone  y  María Elena Walsh.

Ramírez   y otros miembros del Directorio fueron acusados por la Justicia por una  presunta “administración fraudulenta” de los fondos de la institución.  Como siempre todo quedó en aguas de borraja porque no se llegó a fondo del asunto. La Misa Criolla hacía milagros.

La revista que editaba la agrupación Autores Unidos, que lideraba el cantante,  compositor y  acordeonista Antonio Tarragó Ros (n. 1947), denunció que   (SADAIC) estaba  en manos de “una estructura administrativa que malversa en beneficio propio los dineros de los socios, y se ha enriquecido en forma desfachatada, casi pornográfica”.

Cuando se accidentó uno de los integrantes de la banda de rock Catupecu Machu, su hermano y también integrante del grupo describió como “Terrorífica” a la obra social de SADAIC. Su indignación devino en litigio judicial contra la Sociedad Argentina de Autores y Compositores por la cobertura médica para la recuperación que debió realizar su hermano tras el choque en el que, hace más de dos años, se fracturó el cráneo y perdió masa encefálica.

Gabriel Ruiz Díaz tenía pocas chances de sobrevivir cuando fue internado en el Hospital Fernández a fines de marzo de 2006, después de chocar con su Volkswagen Fox recién estrenado. Pero el milagro ocurrió. Durante un año, vivió en el Instituto Fleni, especializado en neurología. Luego, sus avances llevaron a que la familia se decidiera por un tratamiento ambulatorio, y ahí empezó el debate por los porcentajes que la mutual debía cubrir.

Yo no recordaba que  María Elena Walsh había sido denunciada por plagio por una   de las hijas de la escritora santafesina Sara Zapata Valeije (n. 1938), quien  adujo que “La pena de muerte  y Pintar el mundo al revés”, eran  copias de sendas obras de su madre.

Para  los argentinos de floja memoria,   es bueno recordarles  que SADAIC tuvo en una época un cajero en Miami: el tucumano Palito Ortega (n. 1941), cuya actividad esencial era la explotación de su sello discográfico  Chango Producciones.  Su comportamiento en la Little Habana fue muy cuestionado. La entidad madre no habría recibido la totalidad de lo que él recaudaba.

Cuando esté personaje, a todas luces nefasto, se  volvió al país fue para dejar la guitarra y colgarse de   la política.

Volvió a desaparecer   para no declarar por todo el desbarajuste que hizo en su provincia, Tucumán, cuando  fue Gobernador, ni cuando se lo involucró con la Coima de la Banelco, un dinerillo expresado en verdes que otorgó el Ministro de Trabajo  del medroso radical Fernando de la Rúa (n. 1937.) para que se  le votara una ley.

De todo esto, lamentablemente nunca se enteró María Elena Walsh.

Hay otros ejemplos que duelen.  En este caso proviene  de La Madre Patria. El presidente del Consejo de Dirección de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), Teddy Bautista, reconoció que recibe un salario de doscientos cincuenta mil euros anuales.

España tiene más de un millón de parados.

Es evidente que en el altar de la fama no siempre están los que debieran estar y son próceres aquellos que en vida hubiesen merecido un prontuario judicial.

La vida es una fotocopia.

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