Asesinos de guantes blancos

No es ninguna novedad que  en este planeta hostil,      el hombre  tergiversa  la realidad con tal de acumular un mango de más.   Así se destruyen amistades, familiares, se distancian padres de los hijos y se pisotean los sentimientos más nobles.

El sufrimiento ajeno se muere en el bolsillo de los   magnates que son los que se encargan de  endurecer   el pan de los hambrientos.

La Argentina está inmersa en controversias tanto  parlamentarias como extra parlamentarias, para tratar de modificar el régimen penal juvenil bajando la edad de imputabilidad de los mismos    a los   catorce  años.

Y yo, inocentemente me pregunto: ¿Dónde están presos esos perversos que hacen que los adolescentes delincan?

Pienso en el ex vicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney (n.  1941) que llevó a su país, y a un grupo de naciones aliadas, a destrozar  Irak para que sus empresas se enriquecieran con esta guerra.

Esta joyita de amor y paz, es oriundo del Estado de Nebraska donde católicos y protestantes se reparten, mayoritariamente, el amor a Dios.

Este Republicano amante del curro sangriento no se le endurece la lengua cuando dice que el actual Presidente yanqui (Obama) le “falta de visión sobre el papel que debe cumplir  el sector privado en la creación de empleos y riqueza”. Supongo que Cheney piensa  que se logra  matando iraquíes, por supuesto.

¿ Cuándo irá a  la cárcel   este setentón?

El Patrón de Cheney fue el alcohólico George Walter Bush  (n. 1946), un sacrílego metodista,  que cursó estudios en la Universidad de Harvard, que tan malos recuerdos les trae a los memoriosos argentinos. Aquí estudiaron  muchos economistas que malograron a varias generaciones.

Nada se podía esperar de GWB si su padre, que también fue Presidente de los EEUU, hizo grandes negocios con Hitler.

Con esta  larva   el Exterminador Riojano mantuvo “Relaciones carnales.”

Todos ellos gozan de la más absoluta de las libertades. El traje a rayas seguirá siendo la vestimenta de moda  de los inocentes.

La Vida es una fotocopia.

Mientras se trata de bajar la edad de imputabilidad de los menores, los grandes pool de la economía vernácula (Argentina), mediante la plantación indiscriminada de la Soja,  agotan los campos, dejándolos estériles.

Esto ha llevado al desarraigo de miles de familias campesinas que se trasladaron a las grandes ciudades donde han creado sus propios guetos, en donde prevalecen el desempleo y el  hambre.

Los sojeros argentinos  talaron cinco millones de hectáreas de bosques y montes   desde 1996. Y han envenenado a miles de personas utilizando  indiscriminadamente unos pesticidas que están  prohibidos en el  mundo, medianamente civilizado.
Y la Justicia ¿Dónde está?

Mientras se trata de bajar la edad de imputabilidad de los menores, el octogenario dueño de una azucarera tucumana se muestra todos los veranos con sus costosos  yates por las costas de Punta del Este.

Es el mismo  personaje   que convirtió a sus ingenios en prisiones para sus trabajadores, algunos de los cuales fueron desaparecidos durante la última Dictadura, gracias a los delatores que había en su entorno.

El folklorista Jorge Cafrune ya no canta; y  Monseñor Angelleli ya  no reza. Los han matado. Pero este patrón de estancia sigue vivito y coleando.

Mientras se trata de bajar la edad de imputabilidad de los menores, en distintos países del llamado “El Mundo Relegado”, se sigue con la explotación del trabajo infantil. Con el trabajo en negro, con el trabajo esclavo.

¿Para qué lado patea la Justicia? Está más que claro.

Hace algunos  años en Brasil mercenarios de la carne humana mandaban a niñas a satisfacer sexualmente a los braceros que trabajaban en el Amazonas.

Cuando el Sida comenzó siendo además de una enfermedad, una psicosis colectiva, los europeos hacían lo que se daba en llamar  “Turismo Sexual”. Viajaban a países sudamericanos, para desvirgar adolescentes, una manera de blindarse de la enfermedad sin tener que privarse del sexo y además, a un muy bajo precio.

La miseria siempre genera el mismo estado de cosas en el pobre: regala el cuerpo e hipoteca su alma.

En Santiago del Estero, detuvieron  a un hombre por haber abusado a una nena de doce años que mantenía como empleada doméstica.   Al día siguiente, la hermanita mayor de la nena abusada, de  quince  años de edad, fue encontrada sin vida por su madre colgando de una soga que pendía de un tirante del techo de su habitación.

Fue  por un sentimiento de culpa, porque guardó en secreto que ella también era frecuentemente violada por el mismo sujeto.

Mientras en la Argentina se trata de modificar el régimen penal juvenil para permitir bajar la edad de imputabilidad de los  adolescentes a  catorce  años, Las Escuelas no tienen  aulas y los hospitales no tienen camas.

Mientras se trata de bajar la edad de imputabilidad de los menores, en las cárceles argentinas se dan la gran vida los delincuentes que convirtieron a los medicamentos en placebos, facturando millonadas a costa  de los enfermos terminales.

Una joven madre de Santiago del Estero que se     gana la vida limpiando casas, le contó a una periodista estadounidense,  que su  hija  5 meses de edad falleció, luego de ser usada como cobayo, al serle   inoculada con el Streptococcus pneumoniae que es uno de los causantes de meningitis y neumonía.  Anualmente mueren  cincuenta mil chicos por estas enfermedades en Latinoamérica.

En  su  libro La Mafia  Médica la  galena  canadiense Ghislaine Lanctot (n. 1941) habla de la sociedad occidental moderna, fomentada por un sistema perverso  que ha monopolizado la salud pública creando el más lucrativo de los negocios,  basado en convertir en crónicas las  enfermedades aprovechándose de la ignorancia de la gente haciendo que vivan dependiendo de los medicamentos.

El asma y  las alergias en general no se curan porque millones de médicos se quedarían sin laburo y quebrarían cientos de laboratorios.

¿Dónde están encarcelados  los asesinos de la salud pública? En ninguna parte  por supuesto.

Mientras en la Argentina se trata de bajar la edad de imputabilidad de los menores, está aumentando el consumo de la droga y el alcohol. ¿Quiénes son los que convierten a los adolescentes en piltrafas humanas?

Un olor nauseabundo emana de esta Tierra. Ni tapándonos  la nariz podemos evitarnos los olores pestilentes.

La Vida es una fotocopia.

Leave a Reply