UN TSUNAMI ARRASÒ CON EL PERIODISMO ARGENTINO

Hace tiempo que el lector argentino se ha quedado sin un medio gráfico que lo represente. Ni  en lo conceptual ni en lo ideológico.

Los diarios hoy se dividen entre Contentos y Enojados: unos por recibir  parte de la torta estatal y los otros por no tener ni siquiera sus  migajas.

De todos modos: ni uno ni otro, tiene como objetivo al lector.

En lo que va del  Proceso K han aparecido una serie de  medios gráficos que tienen menos sustento que un folleto de supermercado, pero subsisten porque  que le hacen el juego al Gobierno.

Hace tiempo que los medios gráficos se no  molestan en seguir un tema a fondo. La investigación periodística está muerta.  Todo está circunscripto a  pegatinas, alcahueterías y  reproducir lo que alguien    vomita y que  la prensa se ha  tragado.

Una noticia puede ganarse  la primera plana y  al día siguiente perderse en  una página par hasta desaparecer totalmente. Y nadie cuestiona tanta deslealtad informativa. Porque el lector sabe que todo lo que diga cae en saco roto.

Hay un diario que nació con Perón y hoy  un sector del peronismo lo quiere acostar.

Por qué está nervioso Clarín si lo están atacando con las mismas armas, que alguna vez supo utilizar para enfrentar a los que no compartían su línea periodística.

Esta empresa editorial  es la misma que defeca sobre las decisiones comunales de Mar del Plata sobre la manera de tender las líneas de la televisión por cable.

Cablevisión, ex Multicanal, le da al abonado un servicio que resulta una  verdadera  tomada de pelo. Menos mal que le frenaron un aumento que era una verdadera tropelía al bolsillo del indefenso consumidor.

Es la misma empresa que  usa todas  sus influencias para impedir la llegada de cualquier otro competidor.

Una de las cosas que más me maravillaba de Clarín papel,   cuando yo lo leìa, allá lejos y hace tiempo, era  la habilidad de su único  corresponsal  en Europa: estaba en varias ciudades, el mismo día y a la misma hora.

Este corresponsal debe haberse inspirado en el  norteamericano Kenneth Johnson (n.1942), autor de El  Hombre Nuclear,  una exitosa serie televisiva de los años setenta.

Mirando cómo se maneja la televisión de otros países,  Canal 13 y TN, no invierten para  brindar al televidente un producto digno.  Sencillamente reproducen lo que los  noticiarios de otros países ponen en sus pantallas.

No deja de sorprender la poca pelota que los políticos y funcionarios les dan a las críticas periodísticas. Uno que  otro sale a hacer declaraciones como para disimular que en este país la democracia es una entelequia.

Hoy el periodismo es más inocuo que el comentario de un Economista.   Y para colmo de   males la Justicia galvaniza al Poder Central por si algún descocado periodista se le ocurre cuestionar al Gobierno, por lo mucho que promete y lo poco que cumple.

A los  medios de (des) información ya sean los gráficos, radiales o televisivos, no se hacen un cuestionamiento tanto ético como moral cuando entrevistan  al político  deshonesto,   al funcionario corrupto, al empresario evasor y al sindicalista   matón.

En cambio, apenas si se enteran de la obra de un literato, el descubrimiento de un  investigador o lo que realmente  se vive  en los Hospitales, en las Escuelas o en otros sitios donde sobreabundan los marginados  y los excluidos.

En cuanto al periodismo radial, se ha creado una  elite de notables    quienes  han construido sus  quioscos  leyendo los diarios.

Hasta he escuchado a una oronda señora discutir con un entrevistado cuestionando las  declaraciones que el fulano   hizo a otro medio. Así de fácil va la cosa.

Estas vedettes radiales, que muchas veces ni se calientan en reconocer la fuente, cobran  un dineral por el simple hecho de  leer los diarios. Un dinero que los autores de la notas  no habrán de percibir ni en el mejor de sus  sueños.

Llamar a una radio para quejarse es un esfuerzo inútil. La mayoría de los conductores no se hacen cargo de nada. Solamente abren las líneas telefónicas para rellenar sus espacios.

Los programas deportivos radiales tienen gente que no solamente  asesina el diccionario sino que hace trizas a técnicos, jugadores y árbitros, no estando en la cancha, sino viendo el partido por televisión.

Una actitud aviesa hacia una linda profesión y perjudicando a gente en su actividad deportiva.

Es como que  si yo quisiera hacer una crítica cinematográfica viendo la película por cable.

Vale mencionar la situación que se da en el  Interior  donde los medios de comunicación agonizan acosados por un poder provincial que los amordaza para hacer lo que se le antoja. Así nadie les cuestionará    sus desmadres.

Los reyezuelos provinciales tratan que no se les escape ningún conejo de la galera. Que nunca le hagan un gol en contra. Para ello se han convertido en propietarios de medios periodísticos. Todo pa’mi nada pa’vos.

Según comentarios de los que conocen el paño, el    gobernador de Salta, un producto de la renovación dirigencial, tiene  en su casa una mayólica con el escudo provincial, que se lo mandó hacer con dinero del erario.

Por su parte el sultán puntano seguirá  pagando publicidad para que todos los argentinos se enteren: quien gobierna  San Luis es un genio. Pero no le vayan a hablar de Democracia porque le  sale tal  sarpullido que no hay antihistamínico que se lo quite.

La buchona Wikileaks puso en evidencia que el periodismo argentino está, en su gran mayoría, viviendo  una nube existencial, donde la profesión ha sido sepultada por quioscos, tiendas, boticas y otros tipos de negocios que son los que permiten mantener el mamotreto.

¿Cuántos buzones se traga un argentino a lo largo de su vida?

El día que yo me muera,  por la autopsia se sabrá que me intoxiqué causa de una  desinformación crónica.

La vida es una fotocopia.

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