Muñecas de trapo

Yo estaba haciendo mi última experiencia como   periodista en un diario de Mar del Plata, cuando un  colega llegó  a la redacción con una    amiga  suya quien  habìa aceptado un reportaje:   iba a contar de   su frustración cuando intentó involucrarse en el mundo de las modelos.

La chica  tenía veintidós años, era rubia original, un rostro perfecto, pero con  un impedimento físico para que pudiera modelar: su baja estatura: medía un metro sesenta. Y a pesar de esto no quiso darse por vencida.    

Su padre era médico y su novio, abogado. Ella habìa comenzado a estudiar en la universidad  pero   abandonó la carrera para dedicarse de lleno a ese  objetivo.  

No conocía a nadie que pudiera contactarla con alguien del ambiente. Ella  sabía que sin una buena manija iba  a rebotar.  

Un verano conoció a un fotógrafo quien se ofreció a intermediar: tenía, según él,  un importante contacto en la Capital Federal.

El tipo permaneció dos meses en Mar del Plata, por motivos laborales. En ese ínterin  se la enganchó y se la llevó a su cama.

La entrevistada  dijo que aceptó la relación sexual   por temor a que el tipo se ofendiera y  no  cumpliera  su promesa de hacerle entrar en  esa importante agencia.  De todos modos, el fulano la embaucó.

Totalmente desilusionada, la joven marplatense  viajó a  Chile y después  a Miami. Su rostro apareció en   portadas de varias revistas dedicadas a  la moda.

 

Una de las presiones existentes  en el modelaje ha sido siempre por las medidas corporales aunque,  fundamentalmente, el tema del  peso,  que ha ido convirtiendo a las jovencitas en anoréxicas.

Hay quienes sostienen que  las modelos tendrían que ser  las primeras en negarse a adelgazar.

La modelo española  Mireia Verdú, primera dama de honor en el concurso de Miss España de 2005,   intentó participar en un desfile en Madrid de un diseñador bastante importante: “Como no me cabía la ropa, la organizadora del desfile me encerró en una habitación, empezó a medirme con una cinta métrica como una loca y me reprochó que tenía dos centímetros más de lo que ponía en mi tarjeta.”

En notas periodísticas, tanto en la gráfica como en la televisión, se  ha dado a entender que modelos argentinas aparecían en books de agencias que las ofrecían a hombres con mucho poder adquisitivo,    para que pudieran  pasar una noche caliente.

Esto no es nuevo. Una investigación realizada por el diario uruguayo La República permitió establecer que   modelos argentinas pertenecientes al staff de las dos agencias porteñas más importantes, eran ofrecidas a ejecutivos y empresarios. Una noche, con la top deseada, podía llegar a costar  treinta mil  dólares.

 

En Europa hubo un medio inglés envió a  dos periodistas a que realizaran una investigación en ese ambiente tan lindo y perfumando.

Un fotoperiodista ingresó en el mundo de la alta costura en la ciudad italiana de Milán. Contó con la colaboración de una colega   quien se presentó en una agencia como si fuera una modelo deseosa de ser parte de ella. Inmediatamente el dueño de la misma, le ofreció cuatrocientos ochenta dólares para que se acostara con él.  

La supuesta modelo escuchó decir a varios ejecutivos de la firma que muchas  niñas del staff,  eran  obligadas  a consumir drogas y a prostituirse bajo la amenaza de que si no lo hacían jamás llegarían  a ser supermodelos.

Para poder  comprobar   lo que ocurría en   donde solo  imperaba  el  glamur,    los dos periodistas asistieron a fiestas privadas donde no solamente fotografiaron sino también grabaron lo que estaba ocurriendo en cada una de ellas.

Los periodistas pudieron  conocer un mundo oscuro  de maltratos, de violencia y de esclavitud.

La supermodelo británica Kate Moss (n.1974), admitió,  durante un reportaje,   que su carrera ha estado llena de excesos de droga y alcohol hasta el punto de que jamás desfiló sobria.
 

 Las personas que  mueren por una  ropa de marca o el estilo de un diseñador  ignora que las   costureras trabajan hasta más de doce horas, y en algunas oportunidades hasta son drogadas para que puedan  rendir más horas. En la mayoría de los casos son maltratadas y hasta abusadas sexualmente.

 

En un departamento ubicado en el  microcentro de Mar del Plata, vi desfilar a  un montón de jovencitas que habían venido a una selección para   promociones  callejeras y en supermercados.

Algunas de ellas venían  solas y otras con sus madres.  Todas vestían minifaldas y  todas lucían impresionantes escotes. 

Las promotoras no   tenían contacto directo con las empresas   sino con una agencia, que era una especie de bolsa de trabajo. 

 A los quince días muchas de esas   jóvenes   eran   despedidas porque,  pasado ese tiempo,  podían hacer algún reclamo laboral. Después las hacían penar  hasta que podían  cobrar los pesos que   les adeudaban.  Un  típico conchabo   de explotación.

La agencia no se quedaba quieta. Inmediatamente contrataba a otras  promotoras para la siguiente quincena. Y así hasta la finalizar la temporada estival que era el tiempo que duraban las promociones.

 

 

Una mujer que trabajó durante  treinta años en las peluquerías del estilista argentino Roberto Giordano lo  denunció por  estafa y de    cambiar varias veces de razón social para no pagarles a sus empleados las indemnizaciones correspondientes. 

Este sistema de   evasión no es algo nuevo en la Argentina. Lo hacen   grandes empresas   a través de fusiones con otras sociedades.
Al afamado peluquero 
le pesa un concurso preventivo dado que la  Justicia Comercial decretó su quiebra.

Que sus admiradoras no se angustien: como ha sucedido en otros casos parecidos  la sangre no va a llegar al río. Y Giordano va a zafar como siempre y seguirá practicando lo que se ha dado en  llamar:  “ Deslealtad comercial.”

 

Muchas veces me he preguntado cuál es la lógica norteamericana para no investigar  al anciano lascivo, llamado Hugh Marston Hefner (n. 1926), quien supo construir un imperio mediante la publicación de minas en bolas en su revista Playboy.

 Este octogenario, vivió siempre recluido en una mansión rodeado de unas dulces niñas, conocidas como “conejitas.”

Yo sabía  que la poligamia estaba prohibida en los EEUU. Y también para los mormones, nucleados en los  Testigos de Jehová, un culto que alguna vez le    permitió a los hombres a  tener un mini-harén. Tengo entendido que tampoco se convirtió al Islam como para justificar ese modo de vida.

No menos de veinticinco de sus ex conejitas murieron en distintas circunstancias. Según el diario británico The Sun tres playmates fueron asesinadas, doce murieron de diversas enfermedades (casi todas de cáncer), cuatro murieron por sobredosis, otras cuatro por accidentes automovilísticos y la restante    en una tragedia de aviones.
Yo ya habìa leído sobre la misteriosa muerte de la texana  Anna Nicole Smith (
Victoria Lynn   Hogan n.1967). La platinada modelo que soñó en parecerse a Marilyn Monroe,   tuvo un final aciago: su hijo de veinte años murió de sobredosis y ella lo seguiría,  unos meses después, al ahogarse con su propio vómito después de consumir metadona (un opioide.)

 Una sobredosis de heroína y anfetaminas   terminó con la vida de la playmate estadounidense   Elisa Rebecca Bridges (n.1973). Tenía tan sólo veintiocho  años de edad.
Tuvo una larga relación con las drogas:  Claudia Jennings (n.1949)    conducía su carro y se quedó dormida, produciendo un accidente que le costó la vida cuando iba a cumplir los treinta años de edad.    
Un
caso de aparente suicidio fue el de  Cheryl Kubert (n.1938.)   
La estadounidense Jayne Mansfield (n.1933), falleció a los treinta y cuatro años de edad al ser decapitada tras un accidente automovilístico.

En un accidente aéreo ocurrido en Tenerife en 1977 murió la conejita Eve Meyer (n.1928.)  
Quizás la más famosa de todas las conejitas que murió trágicamente fue 
Marilyn Monroe (n.1926). La causa oficial de su muerte, a los treinta y tres años de edad,  fue    suicidio por sobredosis.

Por un alto consumo de drogas murió en 1973,  a los veintitrés años de edad, la holandesa   Willy Rey.

La canadiense  Dorothy Stratten (n.1960), tenía veinte años cuando fue  asesinada por su marido quien luego se suicidó. El hecho sacudió a la opinión pública norteamericana.
La estadounidense  
Sue Williams (n.1945), fue la primera conejita en hacerse ímplate mamarios. Sus deseos de fama  no   coincidían   con sus pensamientos: se suicidó cuando tenía veintitrés años de edad. 

 La californiana Paige Young murió de una sobredosis d en 1974, a los treinta años de edad, dos después de haber aparecido en Playboy.  

 A modo de conclusión: es más  peligroso aparecer fotografiada en     Playboy que ser narcotraficante.

 

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