Cuando el amor es obsesivo.

Qué difícil  le resultó al fiscal después de ver la escena del crimen  para tratar a una persona de   “abominable, despreciable, abyecta y aborrecible,” refiriéndose a la mujer que mató a su hijo de seis años,  para vengarse de su marido, que  la  había  cambiado por una mujer más joven.

Evidentemente que la esposa traicionada vio superada su capacidad de entendimiento y eligió el peor camino para vengarse.

De vez en cuando sería bueno analizar el rol del hombre en una relación   de   pareja, para que una mujer pueda   cometer semejante crimen.

Cuando una mujer se casa es para “toda la vida”, mientras que el hombre, ante la primera oportunidad no desecha un polvo extramatrimonial.

Viendo el final de muchas parejas el hombre cuando   se siente afectado por su  separación opta por la “justicia por mano propia.”

No todas las mujeres están preparadas para enfrentar un divorcio, mucho más cuando no tiene profesión y mantener a los hijos depende de la voluntad del exmarido.

En la Argentina muchos hombres cuando se separan se aprovechan de la Justicia dubitativa. Y cuando se trata pagarle a la mujer la manutención de sus hijos se  convierten, de un día para el otro,  en pordioseros de la

Recoleta o mendigos de  un country.

 Cuando la joven jujeña mató a su bebé, el mundo entero puso el grito en el cielo. Lo que nadie tomó en cuenta,  menos los jueces que la condenaron,  que el crio era producto de una violación.

 El mundo, desde tiempos inmemoriales,  está plagado de actos que van del  amor al odio. Como ocurrió con una estudiante colombiana  de Enfermería que  mató a un bebé de escasas horas de vida porque supuso que el niño era hijo de una amante de su esposo. 

Lo macabro del asunto que  cuando la detuvieron se enteró de que se había equivocado de víctima.

Recuerdo la locura cometida por una mujer estadounidense que  al verse abandonada   por su marido    subió a sus cuatro hijos   a una camioneta y la precipitó en las aguas gélidas del río Hudson.

Sólo uno de los niños escapó con vida al salir por una ventana y nadar hasta la orilla.

 Y así podemos transitar por un largo camino de amor y odio, con finales próximos, parecidos o iguales al

cometido por la madre  del infortunado niño argentino.

 

 

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