Günter Grass, un enamorado de su pasado nazi.

Cuando el hombre se deja llevar por sus oscuros impulsos antisemitas, no puede evitar que   le salte  la  térmica  de su propia maldad, de sus odios hereditarios.

El octogenario de origen polaco, aunque involucrado en la cultura alemana, Günter Grass, se mostró abiertamente como un psicópata nazi producto del tiempo que sirvió en las  Waffen SS hitlerianas, durante la SGM.

Grass que no sabía qué hacer de su puta vida, quizá por falta de una auténtica inspiración literaria,  se lanzó a escribir un poema donde   condena  la venta de armas por parte de Alemania a Israel y dijo que no se debería permitir que el Estado hebreo lanzara un ataque militar contra Irán, país que cuyo líder político, vive engolándose,  con  producir una hecatombe atómica.

El poema, titulado “Lo que hay que decir” el autor de Tambor de Hojalata  criticó con dureza la política nuclear de Israel contra Irán.

“La potencia nuclear Israel amenaza la ya de por sí frágil paz mundial” y está “fuera de control”, sostuvo el novelista de ochenta y cuatro años.

“¿Por qué he guardado silencio hasta ahora?”, se preguntó el literato alemán, quien aseguró que hasta ahora había callado para evitar la “condena” de ser acusado de “antisemita”.

“Creía que mi origen, marcado por un estigma indeleble, me impedía atribuir ese hecho al país de Israel, al que estoy y quiero seguir unido”, dijo.

A Grass se le escapó un pequeño   detalle: la canciller alemana, Ángela Merkel, ha exigido que la Unión Europea incremente sus presiones contra Irán ante la resistencia al control de su programa nuclear por parte del régimen de Teherán, sospechoso de perseguir el desarrollo de armas atómicas.

Grass está sumamente sensibilizado por la paz mundial. Sin embargo, no  tiene nada para   decir de los Derechos Humanos conculcados en Irán, donde la mujer es un deslucido trapo de piso y las urnas están selladas.

Es extraño que Grass no tenga rimas para describir el verdadero genocidio que lleva adelante el presidente sirio Bashar al Asad, que viene asfaltando  su país con los cadáveres  de los que él considera que son sus opositores.

Quien pudo militar en un ejército que eliminó a gran

parte del pueblo hebreo de Europa, los israelíes son la

síntesis de su odio atávico.

Si Grass visitó alguna vez Israel sacó muy pocas conclusiones o padeció  una repentina ceguera.

Grass muy pronto se irá al infierno, si es que existe. Lo real que detrás de él  vendrán, lamentablemente, otras boñigas humanas.

Porque la   vida es una fotocopia.

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